Dice la historia que el 10 de noviembre de 1774, el
Virrey Manuel Guirior decidió organizar las calles de la Bogotá de la época y
ordenó a los alcaldes ponerle nombres y números a las calles y casas. Por
obvias razones religiosas al principio se usaron nombres de santos, y más
tarde, nombres de personajes e iconos representativos de la ciudad. Muy a pesar
de que, más de medio siglo después, el gobernador de la provincia de Bogotá,
Vicente Lombana, instaurara la nomenclatura de la ciudad, algunas calles
mantuvieron los nombres de santos, pero también, algunas mantienen, hoy día,
nombres curiosos que recuerdan hechos románticos, momentos gloriosos o
situaciones cotidianas.
La calle de la Fatiga, por ejemplo, ubicada en la
calle 10 entre carreras tercera y cuarta, fue bautizada así porque todo peatón
que subía hacia la carrera cuarta llegaba a su destino mareado y sin aire por
la aguda pendiente de la vía.
Otra calle bogotana, es reconocida porque un viejo,
ataviado con capa larga y sombrero negro, cruzaba las esquinas a altas horas de
la noche llevando en una mano una linterna y en la otra una campanilla que
hacía sonar a su paso, pidiendo, a voz de cuello, limosna dizque para salvar
las almas que se encontraban en pecado mortal. La sabiduría popular la bautizo
como la calle del Pecado Mortal (calle 21 con carreras primera y tercera).
Una de las calles que más llama la atención en el
centro de la ciudad por la curiosidad que causa su nombre es La calle del
Divorcio. Este hermoso pasaje, que comienza en la esquina de la carrera 8 con
calle 10, fue bautizada así, dicen unos, por la prisión de mujeres que se
encontraba allí, mujeres que, por obvias razones, la mayoría, terminaban
divorciadas. Y dicen otros, fue bautizada así porque, según cuenta la leyenda,
en esta calle vivió una pareja que duró veinte años de noviazgo. Al parecer,
estos enamorados eran oriundos de otra parte de Colombia y llegaron a esta
calle de Bogotá con el fin de escapar de sus familias que querían separarlos
para que se casaran con otras personas previamente elegidas por éstas.
Estas y otras historias hacen parte del centro de
Bogotá, donde también hay espacio para las calles del Amor, de la Esperanza,
del Agrado, de la Alegría y de la Paz, De la Fatiga, de los Dolores, del Afán y
de la Agonía.
Sin embargo, esta sana y divertida costumbre no
perteneció solo a Bogotá. En todo el país no existía la nomenclatura actual.
Fue en el gobierno del presidente Enrique Olaya Herrera, mediante la Ley 40 de
1932, que se obligó a los concejos municipales a “dar numeración a las calles,
carreras y casas antes de un año”. Como consecuencia, desaparecieron los
nombres dados por la sabia decisión popular a los fríos números de las
direcciones de hoy.| Callejón de los Meaos en Barranquilla |
En Barranquilla, por ejemplo, pasaron de importantes calles
y carreras conocidas como Cocosolo, Felicidad o El toronjil, a nombrarse como carrera
38, calle 48 o calle 37. Con la historia de la Arenosa quedo también en el
recuerdo el callejón de los Meaos, llamado así por el olor a orín que salía del
lugar. En esa historia quedo también el de la Calle de La Amargura, o calle 32,
llamada así porque el día viernes de Semana Santa, La Procesión de la Dolorosa
o de La Amargura recorría esta calle.
Ya en la esquina de la calle del Divorcio o en la
empinada cima de la calle de La fatiga en Bogotá; ya en la calle de las Vacas
en Barranquilla o en el Callejón de las Brisas en Riohacha; los nombres de las
calles pertenecen a ese breve espacio del pasado que hoy aun evocamos con
nostalgia. Así, con esa misma añoranza con que El Flecha recordaba una de sus
anécdotas en El Callejón de las Miranda en Lorica: “Mire (viejo Deibi): me
acuerdo que una vez, estaba yo todavía pelao, me demoré jugando trompo en el
callejón de las Miranda, y cuando llegué a la casa me dijo izque: "Adónde
estabas tú, muchacho'e carajo". "Estaba jugando trompo en el callejón
de las Miranda", le dije yo. Errrrrda: y enseguida me esparachinó:
"Bueno, ¿y tú qué carajo tienes que ir a jugar trompo en el callejón de
las Miranda, unas viejas cacorras solteronas a las que nadie en Lorica se ha
querido comer?"
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