domingo, 16 de diciembre de 2018

De la calle del Divorcio al callejón de las Miranda




Dice la historia que el 10 de noviembre de 1774, el Virrey Manuel Guirior decidió organizar las calles de la Bogotá de la época y ordenó a los alcaldes ponerle nombres y números a las calles y casas. Por obvias razones religiosas al principio se usaron nombres de santos, y más tarde, nombres de personajes e iconos representativos de la ciudad. Muy a pesar de que, más de medio siglo después, el gobernador de la provincia de Bogotá, Vicente Lombana, instaurara la nomenclatura de la ciudad, algunas calles mantuvieron los nombres de santos, pero también, algunas mantienen, hoy día, nombres curiosos que recuerdan hechos románticos, momentos gloriosos o situaciones cotidianas.

La calle de la Fatiga, por ejemplo, ubicada en la calle 10 entre carreras tercera y cuarta, fue bautizada así porque todo peatón que subía hacia la carrera cuarta llegaba a su destino mareado y sin aire por la aguda pendiente de la vía.

Otra calle bogotana, es reconocida porque un viejo, ataviado con capa larga y sombrero negro, cruzaba las esquinas a altas horas de la noche llevando en una mano una linterna y en la otra una campanilla que hacía sonar a su paso, pidiendo, a voz de cuello, limosna dizque para salvar las almas que se encontraban en pecado mortal. La sabiduría popular la bautizo como la calle del Pecado Mortal (calle 21 con carreras primera y tercera).

Una de las calles que más llama la atención en el centro de la ciudad por la curiosidad que causa su nombre es La calle del Divorcio. Este hermoso pasaje, que comienza en la esquina de la carrera 8 con calle 10, fue bautizada así, dicen unos, por la prisión de mujeres que se encontraba allí, mujeres que, por obvias razones, la mayoría, terminaban divorciadas. Y dicen otros, fue bautizada así porque, según cuenta la leyenda, en esta calle vivió una pareja que duró veinte años de noviazgo. Al parecer, estos enamorados eran oriundos de otra parte de Colombia y llegaron a esta calle de Bogotá con el fin de escapar de sus familias que querían separarlos para que se casaran con otras personas previamente elegidas por éstas.

Estas y otras historias hacen parte del centro de Bogotá, donde también hay espacio para las calles del Amor, de la Esperanza, del Agrado, de la Alegría y de la Paz, De la Fatiga, de los Dolores, del Afán y de la Agonía.

Sin embargo, esta sana y divertida costumbre no perteneció solo a Bogotá. En todo el país no existía la nomenclatura actual. Fue en el gobierno del presidente Enrique Olaya Herrera, mediante la Ley 40 de 1932, que se obligó a los concejos municipales a “dar numeración a las calles, carreras y casas antes de un año”. Como consecuencia, desaparecieron los nombres dados por la sabia decisión popular a los fríos números de las direcciones de hoy.



Callejón de los Meaos en Barranquilla
En Barranquilla, por ejemplo, pasaron de importantes calles y carreras conocidas como Cocosolo, Felicidad o El toronjil, a nombrarse como carrera 38, calle 48 o calle 37. Con la historia de la Arenosa quedo también en el recuerdo el callejón de los Meaos, llamado así por el olor a orín que salía del lugar. En esa historia quedo también el de la Calle de La Amargura, o calle 32, llamada así porque el día viernes de Semana Santa, La Procesión de la Dolorosa o de La Amargura recorría esta calle.

Ya en la esquina de la calle del Divorcio o en la empinada cima de la calle de La fatiga en Bogotá; ya en la calle de las Vacas en Barranquilla o en el Callejón de las Brisas en Riohacha; los nombres de las calles pertenecen a ese breve espacio del pasado que hoy aun evocamos con nostalgia. Así, con esa misma añoranza con que El Flecha recordaba una de sus anécdotas en El Callejón de las Miranda en Lorica: “Mire (viejo Deibi): me acuerdo que una vez, estaba yo todavía pelao, me demoré jugando trompo en el callejón de las Miranda, y cuando llegué a la casa me dijo izque: "Adónde estabas tú, muchacho'e carajo". "Estaba jugando trompo en el callejón de las Miranda", le dije yo. Errrrrda: y enseguida me esparachinó: "Bueno, ¿y tú qué carajo tienes que ir a jugar trompo en el callejón de las Miranda, unas viejas cacorras solteronas a las que nadie en Lorica se ha querido comer?"


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