Esa mañana del 8 de agosto de 2008, no
era una mañana cualquiera para Liliany. Era la última vez que iba a ver a sus
hijos y a su mamá antes de partir lejos, sin saber el rumbo, pero bien lejos
donde nadie la pudiera encontrar. Hacía tiempo debió partir, pero, contra su
voluntad, todavía permanecía en Bogotá. Y ese día, precisamente, debía recoger
algunos documentos que había olvidado en casa. Estando allí con sus dos hijos
tocaron a la puerta. Pensando que era su madre, que había salido minutos antes,
se apresuró a abrirle. De ahí en adelante todo fue caos, confusión y sorpresa.
Un inmenso operativo policial allanó su casa. Afuera, hombres fuertemente
armados bajaban de un camión al tiempo que cerraban toda la cuadra; adentro, un
grupo de oficiales registraban y grababan todo con una cámara.
-Hola Coquito, ¿cómo estás?, le dijo
irónicamente quien parecía el segundo al mando del operativo. Ella guardó
silencio.
- ¡Hola Coquito -repitió- ¿así era como
te llamaba tu amante?
(Ver https://www.elespectador.com/judicial/comienzan-capturas-por-la-farcpolitica-article-31186/)
Ella, siguió guardando silencio sin
despegar la mirada de sus dos hijos, uno de quince años que había acabado de
llegar del colegio y una niña de cuatro años que recién llegaba del jardín. Cuando
uno de los oficiales empezó a grabar con la cámara a sus hijos, rompió su
silencio y les gritó furiosa: “¡A la
que van a detener es a mí, no se metan con mi familia!”
-No
se preocupe que la vamos a hacer famosa muy pronto -, le respondió el capitán.
Y así
fue. Minutos después, delante de sus hijos y de su mamá, uno de los oficiales
encendió el televisor de la sala. La imagen mostraba el avance de noticias de
un reconocido informativo nacional: “¡Atención, noticia de última hora! ¡Capturan
a Liliany Obando, la ex amante de Raúl Reyes!”. Liliany, todavía recuerda con
tristeza la mirada de preocupación de sus hijos y de su mamá, como si le
preguntaran ¿cómo así? ¿amante de quién?
El
capitán, por su parte, insistía: - ¿Ya vio Coquito?
El
comienzo
Una
de las primeras tareas en la JUCO fue acompañar el tema de derechos humanos y en
especial el seguimiento a los presos políticos y fue allí donde inició su
trabajo con la dirección del partido Comunista en la regional Nariño. Luego de
su paso durante varios años por la Unión Patriótica y tras su genocidio, varios
militantes vieron en las FARC una posibilidad de salvar la vida y seguir
luchando. Fue en esos años de convulsión en el que se unió al 29 Frente cuyo
comandante era Joaquín Posada (Yezid Arteta).
Adriana,
Eliana, Liliany Obando, Marta y Lucía, en el Caguán
A
principios de los noventa, al morir su padre, y embarazada, decide viajar a
Bogotá a cumplir uno de sus sueños: complementar su formación universitaria
como socióloga en la Universidad Nacional. “Eso fue todo un reto para mí asumir
esa maternidad sola. Como tenía una carrera, creí que podía salir adelante muy
fácilmente, cosa que no fue así. Salir de Pasto a una ciudad como Bogotá, sin
conocer a nadie y en estado de embarazo fue muy difícil. Yo viví situaciones
bastante complicadas, más que por ser joven y venir de región, por estar
embarazada. A mí me botaron de todos los trabajos que usted se imagine, pero yo
seguía adelante.”
Viendo
la situación en que se encontraba, su madre decide apoyarla para que pueda
continuar sus estudios en la Nacional. Se lleva el bebé a vivir con ella a
Pasto y Liliany continua con sus estudios y su militancia en las Farc, aunque
esta vez con mayores responsabilidades: pasa a trabajar directamente en la
unidad de Luis Édgar Devia Silva, más conocido como Raúl Reyes, miembro
del Secretariado, portavoz y asesor del Bloque Sur de las Farc-Ep.
Reyes, quien en esos momentos estaba al frente de la Comisión Internacional del
grupo guerrillero, encontró en Liliany un gran apoyo por su formación en
lenguas. Así fue como se convirtió en su asistente, en una persona de confianza
a quien entregaba tareas de gran responsabilidad. Fueron muchos años trabajando
a su lado, viajando al Putumayo, al Huila a Caquetá, a cualquier lugar donde él
estuviera.
La
Operación Fénix y la Farc-política
El 1 de marzo de 2008, durante la llamada operación Fénix, el ejercito atacó el campamento guerrillero de Raúl Reyes, en cercanías de la fronteriza población ecuatoriana de Santa Rosa de Sucumbíos. En el ataque, además de 17 miembros de su unidad de guardia, también caería el líder guerrillero. Y allí comienza la famosa y ya conocida historia del computador de Reyes y la Farc-política.
(Ver Así
fue la Operación Fénix – El País)
Por eso, meses después del bombardeo, para
Liliany Obando no fue sorpresa cuando el fiscal de ese entonces, Mario Iguarán,
salió a los medios a anunciar los nombres de las personas que se encontraban
mencionadas en los correos de Reyes, y el suyo se encontraba de primero. “Yo tenía que haber estado en el campamento el día del
bombardeo, sino que se me presentó algo en el camino, estaba cumpliendo una
tarea y no alcancé a llegar, y por eso, me salvé del bombardeo, pero no me
salvé de la cárcel”, dice Liliany.
Basados
en esos correos, llevan a cabo su captura. Y es por esos correos, también, que
el capitán que dirige el operativo sigue insistiendo en llamarla Coquito. Para
los investigadores el hecho de que Raúl Reyes la llamara así, tan familiarmente,
significaba que ella era su amante. “Ellos dicen que los correos eran muy
afectuosos entre él y yo; y efectivamente, nosotros nos teníamos todo el cariño
del mundo. Nosotros allá éramos una familia. Resulta que la historia de Coquito
tiene un trasfondo: yo siempre he tratado de ser muy disciplinada con mis
tareas, pero cuando no me salía algo bien o cometía alguna indisciplina, pues
él me halaba las orejas y yo era muy sensible, todavía soy muy sensible, a mí
se me iban las lágrimas, entonces él me decía Coquito, porque decía que
yo tenía lágrimas de cocodrilo. De ahí viene Coquito”.
Mediante
Sentencia del 28 de junio de 2013 Liliany fue condenada a setenta y seis meses
de prisión y una multa de ciento veintiún salarios mínimos mensuales legales
vigentes como coautora de rebelión, al tiempo que fue absuelta del delito de
administración de recursos relacionados con actividades terroristas. “Yo tuve
dos cargos cuando me investigaron, uno era rebelión agravada y el otro era
administración de recursos con fines terroristas, ese segundo cargo se cayó, o
sea, a mí me absuelven de ese cargo, nunca me probaron nada y me condenaron por
rebelión agravada porque, según ellos, por mi formación profesional llegué a la
guerrilla con plena conciencia de lo que hacía.”
Allí comienza
su vida en la cárcel, en el patio sexto del Buen Pastor, en Bogotá. Con la
experiencia de muchos años y finalizado los estudios de su maestría en Estudios
Políticos, comienza a trabajar en la defensa de los derechos de la población
carcelaria. “Empiezo a hacer un trabajo de campo obligado allá en la cárcel.
Creo que en medio de todo esto, me sirvió mucho meterme en esa vida de la
cárcel con los ojos de una socióloga. Allí empecé a hacer relatos, a
reconstruir historias de vida de mis compañeras, toda esa pelea de los derechos
de la población carcelaria.”
Después
de treinta y nueve meses en la cárcel y de que le negaran diez veces la
solicitud de detención domiciliaria, el 1 de marzo de 2012, Liliany, por fin,
fue dejada en libertad provisional por abuso en la
detención preventiva.
Luego
de afrontar dos detenciones más, ilegales e injustas, según ella, recupera la
libertad definitiva en febrero de 2015.
Finalmente,
con la firma del proceso de paz con las Farc-Ep ella es amnistiada de una multa
de más de setecientos millones de pesos e ingresa al proceso de
reincorporación.
Liliany
cuando fue dejada en libertad provisional por violación al debido proceso.
Una
vida en la legalidad
Hoy Liliany
hace parte del partido político de los Comunes y continúa su trabajo por los
derechos de la población carcelaria. Otro tema que la apasiona es el de enfoque
de género, en especial el de la reincorporación de las mujeres excombatientes. Hizo
parte de la producción de un documental, ganador de una convocatoria del Centro
de Memoria Histórica, en la que participaron un grupo de mujeres excombatientes
en un ejercicio de recuperación de memoria. “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”, fue el resultado de un arduo trabajo, hecho con sus
propias manos y con los testimonios de experiencias de guerra que habían dejado
atrás.
Liliany
ha tratado de recuperar su vida profesional, de continuar su vida en la
legalidad, aunque confiesa que no ha sido fácil. Hace un par de años estuvo
trabajando como socióloga en el equipo de defensa de FARC y como dice ella, en
rebusques de la vida académica. “Llegar a la reincorporación después de los
treinta, ya es una brecha muy difícil en la sociedad; además por ser mujer, a
la mujer le queda más difícil ingresar al mundo laboral después de cierta edad.
Yo tengo los antecedentes de la cárcel, nosotros tenemos el estigma de ser
excombatientes, entonces no es fácil, no es fácil reinsertarse en el mundo
laboral.”
Pero
lo que ha sido más difícil para Liliany, es superar la estigmatización y el
daño que le causo que la hayan presentado como la amante de Raúl Reyes. Cosa
que nunca fue cierta, como ella afirma. “Yo me voy dando cuenta con el trabajo,
y estando en la cárcel y viendo cómo funciona todo esto del tema de la
inteligencia militar y todo eso, como instrumentalizan los cuerpos de las
mujeres; ellos necesitaban por un lado manchar la imagen de un jefe guerrillero
como él. Entonces ¿cómo hacen? Pues les ponen que tienen un montón de amantes.
Yo a él le conocí sus dos compañeras. Primero estuvo Olga de la que se separó y
finalmente su compañera era Gloria, quien murió con él en el bombardeo”.
Liliany
continúa diariamente en su lucha de recuperar el tiempo perdido y de realizar
los proyectos aplazados. Acaba de finalizar la especialización en el Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, en Memoria, Derechos Humanos y Resistencias. Es una de
las más de tres mil mujeres que se encuentran en el proceso de reincorporación
de la mano de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, ARN.
“Estoy en otro momento de la vida, en el que no ando con la misma zozobra de
antes, en que no nos maten por ahí, ya no en esas carreras que teníamos en la
vida clandestina.”
Los recuerdos de su captura, el operativo
descomunal, el trato abusivo e inquisidor de quien estuvo al mando, la mirada
triste de sus hijos, poco a poco se han ido borrando de su mente. Sin embargo,
todavía quedan los rezagos de lo que para ella fue todo un montaje con el fin
de dañar la imagen del líder guerrillero Raúl Reyes. Liliany continúa con
persistencia abriéndose paso en la vida en la legalidad, luchando por alcanzar
lo que ella define como “una
sociedad más democrática, más incluyente y justa”.


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