jueves, 5 de julio de 2018

Crónica


La selección de Pedernera en Chile
¡A divertirse muchachos!


Aquella pequeña ciudad fronteriza, a un lado del desierto de Atacama, y toda Chile, se habían preparado para todo. Para ver de cerca lo que sería, quizás, el único campeonato mundial que se jugaría en sus estadios y para estar a la altura de Suiza y Suecia, quienes habían organizado los dos torneos anteriores. Incluso se habían repuesto rápidamente de la devastación del terremoto ocurrido tan sólo dos años antes y de los problemas económicos que el desastre trajo consigo. Sin embargo, para lo único que no estaban preparados los chilenos y los cien mil habitantes de Arica, era para ser testigos de uno de los partidos memorables de aquel campeonato y de uno de los goles históricos que difícilmente se podrán volver a repetir. Colombia, inesperadamente, iba a ser protagonista.

Los organizadores del Torneo estaban tan seguros de la clasificación de Perú que habían escogido como subsede del grupo 1 al caluroso puerto de Arica. Es más hasta los mismos aficionados peruanos ya hacían planes para desplazarse a la ciudad vecina para ver jugar a su equipo.  Pero las eliminatorias dirían otra cosa. Bolivia que hacía parte del grupo no participó al parecer por problemas económicos. Quedaban entonces Colombia y Perú para disputar en cupo al mundial. El primer partido lo ganó Colombia en Bogotá 1 a 0 con gol de Eusebio Escobar. Y el de vuelta, en Lima, terminó empatado 1 a 1, gracias al gol del "Zipa" González. De esta manera, Colombia cumplía su sueño de participar por primera vez en un campeonato mundial de fútbol.

A diferencia de las pomposas concentraciones de hoy, la selección se preparó con mucha humildad y sacrificio en la antigua sede del Independiente Santafé en la autopista Norte de Bogotá. Con dos meses de anticipación y con mil pesos en el bolsillo que cada jugador había recibido por la clasificación, se reunieron todos para empezar los trabajos al lado del preparador físico José Constanzo y la dirección técnica del maestro Adolfo Pedernera. "Nosotros tuvimos la suerte de tener como guías a dos personas superespeciales que se distinguían por su impecable manejo del grupo, por su personalidad, por su confianza y por la forma en que orientaban a cada jugador de acuerdo con sus características", afirma Marcos Coll, mediocampo de la selección.

Llenos de mucho optimismo y con un uniforme que de hecho nada tenía que ver con los colores patrios -camiseta azul con un escudo pequeño de la Adefútbol, pantaloneta blanca y medias grises-, debutaron contra Uruguay el 30 de mayo.  A los 19 minutos del primer tiempo los colombianos sorprenderían con su juego exquisito y con la anotación de su capitán Francisco "El Cobo" Zuluaga. Sin embargo, la violencia de los charrúas dejaría a Colombia con practicamente diez hombres -en aquella época no se aceptaban los cambios- y  a la postre permitiría que uruguay ganara por marcador de 2 a 1.

El partido del recuerdo

La voz del maestro Pedernera retumbó en el camerino del estadio de Arica aquella tarde calurosa del 3 de mayo de 1962: "Qué les pasa carajo! Por qué juegan de esa manera? Ustedes no juegan así, el fútbol de ustedes es un fútbol de toque, de acompañamiento, de pared. ¡Juegen como ustedes saben jugar!"  Las palabras del técnico de la selección, más que rabia, denotaban impaciencia y desilusión. Y no era para menos. A los 11 minutos del primer tiempo su equipo perdía 3 a 0 y antes de irse al descanso el ataque ruso presagiaba una goleada histórica. Los mismos jugadores no se explicaban lo que sucedía. Quizás -explicaría uno de ellos- fue la impresión que recibieron a su llegada al estadio. Resulta que al bajarse del autobus vieron a lo lejos a unos muchachos altos y fornidos practicando en una de las canchas auxiliares ubicadas fuera del escenario deportivo. Pensaron, mientras caminaban, que se trataba de los jugadores de Uruguay que realizaban trabajos de preparación para su partido del 6 de junio. Pero cuál no sería su sorpresa al acercarse y darse cuenta que quienes estaban entrenando no eran otros que los jugadores del temible equipo de la Unión Soviética. "Que verguenza, nosotros apenas llegando al estadio y los rusos ya llevaban más de media hora calentando", pensaban mientras entraban al camerino.

Las palabras de Pedernera, a la final, se convertirían en la motivación que los despertaría de la desoladora confusión de los primeros 45 minutos: "...jueguen como ustedes lo hacen en sus equipos en colombia, ¡salgan a divertirse muchachos!".  Y así fue. Aún con otro gol en contra del ruso Ponedelnik a los 11 minutos del segundo tiempo, el equipo colombiano con paredes cortas, gambetas, tacos y con un sorprendente entusiasmo, lograron aturdir a los jugadores soviéticos. Germán "Cuca" Aceros gestaría la hazaña con la primera anotación y dos minutos después vendría la otra proeza: el gol "Olímpico" de Marcos Coll.

"Pedernera me asignó la función del cobro de tiros de esquina para buscar que con el efecto que yo le ponía al balón ésta entrara facilmente al arco contrario a través de un cabezazo o directamente. Afortunadamente el jugador que estaba custodiando el primer palo se aturdió cuando se vió la pelota encima y la dejó pasar limpia hacia la red", recuerda Coll.  Ese gol paralizó aún más a los rusos quienes observaban impotentes, cómo, un colombiano rompía la valla invicta y el prestigio de quien fuera considerado el arquero más grande del mundo: Lev Yashin, mejor conocido como "La araña negra".

Así, con los goles de Rada a los 27 minutos y el de Klinger a los 41, lo que sería una tremenda goleada se convirtió en un histórico empate 4 a 4. Un resultado sin duda inesperado y sin precedentes. La Unión Soviética, hasta ese partido, nunca antes ningún equipo le había marcado cuatro tantos. Y por supuesto en ningún mundial anterior se había marcado un gol "olímpico". Por ello, cuando finalizó el encuentro, el reconocimiento del público chileno se hizo sentir en todo el estadio de Arica, plaudiendo sin cesar al equipo colombiano por la hazaña que había realizado.

A pesar de que el equipo colombiano se despidió del mundial con la goleada que le propinó el favorito equipo de Yugoslavia, a su regreso a Bogotá fueron recibidos como unos héroes. Si la despedida fue con honores en el palacio de Nariño por intermedio del President Alberto Lleras Camargo, la llegada fue gloriosa y multitudinaria.  El mundial había quedado atrás, con todas sus estrellas - Sekularak, Garrincha, Amarildo, Albert y Boby Charlton- y su campeón, Brasil; pero para los aficionados colombianos el combinado patrio había conseguido lo que ningún otro pudo lograr: un empate histórico y un gol "olímpico" dificil de repetir.

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