La selección de Pedernera en Chile
¡A divertirse muchachos!
Aquella
pequeña ciudad fronteriza, a un lado del desierto de Atacama, y toda Chile, se
habían preparado para todo. Para ver de cerca lo que sería, quizás, el único
campeonato mundial que se jugaría en sus estadios y para estar a la altura de
Suiza y Suecia, quienes habían organizado los dos torneos anteriores. Incluso
se habían repuesto rápidamente de la devastación del terremoto ocurrido tan
sólo dos años antes y de los problemas económicos que el desastre trajo
consigo. Sin embargo, para lo único que no estaban preparados los chilenos y
los cien mil habitantes de Arica, era para ser testigos de uno de los partidos
memorables de aquel campeonato y de uno de los goles históricos que
difícilmente se podrán volver a repetir. Colombia, inesperadamente, iba a ser
protagonista.
Los
organizadores del Torneo estaban tan seguros de la clasificación de Perú que
habían escogido como subsede del grupo 1 al caluroso puerto de Arica. Es más
hasta los mismos aficionados peruanos ya hacían planes para desplazarse a la
ciudad vecina para ver jugar a su equipo.
Pero las eliminatorias dirían otra cosa. Bolivia que hacía parte del
grupo no participó al parecer por problemas económicos. Quedaban entonces
Colombia y Perú para disputar en cupo al mundial. El primer partido lo ganó
Colombia en Bogotá 1 a 0 con gol de Eusebio Escobar. Y el de vuelta, en Lima,
terminó empatado 1 a 1, gracias al gol del "Zipa" González. De esta
manera, Colombia cumplía su sueño de participar por primera vez en un
campeonato mundial de fútbol.
A
diferencia de las pomposas concentraciones de hoy, la selección se preparó con
mucha humildad y sacrificio en la antigua sede del Independiente Santafé en la
autopista Norte de Bogotá. Con dos meses de anticipación y con mil pesos en el
bolsillo que cada jugador había recibido por la clasificación, se reunieron
todos para empezar los trabajos al lado del preparador físico José Constanzo y
la dirección técnica del maestro Adolfo Pedernera. "Nosotros tuvimos la
suerte de tener como guías a dos personas superespeciales que se distinguían
por su impecable manejo del grupo, por su personalidad, por su confianza y por
la forma en que orientaban a cada jugador de acuerdo con sus
características", afirma Marcos Coll, mediocampo de la selección.
Llenos de
mucho optimismo y con un uniforme que de hecho nada tenía que ver con los
colores patrios -camiseta azul con un escudo pequeño de la Adefútbol,
pantaloneta blanca y medias grises-, debutaron contra Uruguay el 30 de mayo. A los 19 minutos del primer tiempo los
colombianos sorprenderían con su juego exquisito y con la anotación de su
capitán Francisco "El Cobo" Zuluaga. Sin embargo, la violencia de los
charrúas dejaría a Colombia con practicamente diez hombres -en aquella época no
se aceptaban los cambios- y a la postre
permitiría que uruguay ganara por marcador de 2 a 1.
El partido del recuerdo
La voz del
maestro Pedernera retumbó en el camerino del estadio de Arica aquella tarde
calurosa del 3 de mayo de 1962: "Qué les pasa carajo! Por qué juegan de
esa manera? Ustedes no juegan así, el fútbol de ustedes es un fútbol de toque,
de acompañamiento, de pared. ¡Juegen como ustedes saben jugar!" Las palabras del técnico de la selección, más
que rabia, denotaban impaciencia y desilusión. Y no era para menos. A los 11
minutos del primer tiempo su equipo perdía 3 a 0 y antes de irse al descanso el
ataque ruso presagiaba una goleada histórica. Los mismos jugadores no se
explicaban lo que sucedía. Quizás -explicaría uno de ellos- fue la impresión
que recibieron a su llegada al estadio. Resulta que al bajarse del autobus
vieron a lo lejos a unos muchachos altos y fornidos practicando en una de las
canchas auxiliares ubicadas fuera del escenario deportivo. Pensaron, mientras caminaban,
que se trataba de los jugadores de Uruguay que realizaban trabajos de
preparación para su partido del 6 de junio. Pero cuál no sería su sorpresa al
acercarse y darse cuenta que quienes estaban entrenando no eran otros que los
jugadores del temible equipo de la Unión Soviética. "Que verguenza,
nosotros apenas llegando al estadio y los rusos ya llevaban más de media hora
calentando", pensaban mientras entraban al camerino.
Las
palabras de Pedernera, a la final, se convertirían en la motivación que los
despertaría de la desoladora confusión de los primeros 45 minutos:
"...jueguen como ustedes lo hacen en sus equipos en colombia, ¡salgan a
divertirse muchachos!". Y así fue.
Aún con otro gol en contra del ruso Ponedelnik a los 11 minutos del segundo tiempo,
el equipo colombiano con paredes cortas, gambetas, tacos y con un sorprendente
entusiasmo, lograron aturdir a los jugadores soviéticos. Germán
"Cuca" Aceros gestaría la hazaña con la primera anotación y dos
minutos después vendría la otra proeza: el gol "Olímpico" de Marcos
Coll.
"Pedernera
me asignó la función del cobro de tiros de esquina para buscar que con el
efecto que yo le ponía al balón ésta entrara facilmente al arco contrario a
través de un cabezazo o directamente. Afortunadamente el jugador que estaba
custodiando el primer palo se aturdió cuando se vió la pelota encima y la dejó
pasar limpia hacia la red", recuerda Coll.
Ese gol paralizó aún más a los rusos quienes observaban impotentes, cómo,
un colombiano rompía la valla invicta y el prestigio de quien fuera considerado
el arquero más grande del mundo: Lev Yashin, mejor conocido como "La araña
negra".
Así, con
los goles de Rada a los 27 minutos y el de Klinger a los 41, lo que sería una
tremenda goleada se convirtió en un histórico empate 4 a 4. Un resultado sin
duda inesperado y sin precedentes. La Unión Soviética, hasta ese partido, nunca
antes ningún equipo le había marcado cuatro tantos. Y por supuesto en ningún
mundial anterior se había marcado un gol "olímpico". Por ello, cuando
finalizó el encuentro, el reconocimiento del público chileno se hizo sentir en
todo el estadio de Arica, plaudiendo sin cesar al equipo colombiano por la
hazaña que había realizado.
A pesar de
que el equipo colombiano se despidió del mundial con la goleada que le propinó
el favorito equipo de Yugoslavia, a su regreso a Bogotá fueron recibidos como
unos héroes. Si la despedida fue con honores en el palacio de Nariño por
intermedio del President Alberto Lleras Camargo, la llegada fue gloriosa y
multitudinaria. El mundial había quedado
atrás, con todas sus estrellas - Sekularak, Garrincha, Amarildo, Albert y Boby
Charlton- y su campeón, Brasil; pero para los aficionados colombianos el
combinado patrio había conseguido lo que ningún otro pudo lograr: un empate histórico
y un gol "olímpico" dificil de repetir.


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