Dice la historia que el 10 de noviembre de 1774, el
Virrey Manuel Guirior decidió organizar las calles de la Bogotá de la época y
ordenó a los alcaldes ponerle nombres y números a las calles y casas. Por
obvias razones religiosas al principio se usaron nombres de santos, y más
tarde, nombres de personajes e iconos representativos de la ciudad. Muy a pesar
de que, más de medio siglo después, el gobernador de la provincia de Bogotá,
Vicente Lombana, instaurara la nomenclatura de la ciudad, algunas calles
mantuvieron los nombres de santos, pero también, algunas mantienen, hoy día,
nombres curiosos que recuerdan hechos románticos, momentos gloriosos o
situaciones cotidianas.domingo, 16 de diciembre de 2018
De la calle del Divorcio al callejón de las Miranda
Dice la historia que el 10 de noviembre de 1774, el
Virrey Manuel Guirior decidió organizar las calles de la Bogotá de la época y
ordenó a los alcaldes ponerle nombres y números a las calles y casas. Por
obvias razones religiosas al principio se usaron nombres de santos, y más
tarde, nombres de personajes e iconos representativos de la ciudad. Muy a pesar
de que, más de medio siglo después, el gobernador de la provincia de Bogotá,
Vicente Lombana, instaurara la nomenclatura de la ciudad, algunas calles
mantuvieron los nombres de santos, pero también, algunas mantienen, hoy día,
nombres curiosos que recuerdan hechos románticos, momentos gloriosos o
situaciones cotidianas.miércoles, 12 de diciembre de 2018
Cronica
Al
Dios Momo y Joselito Carnaval
Jolgorio
en las alturas
Por: Guillermo Chavarro Borrás
La visión no podía ser más inspiradora, relajante y
provocativa. Era una imagen distinta a todo lo que había conocido en sus más de
sesenta y cinco años de vida. Carlos sabía que mentiría si dijera que no había
tomado ni una gota de alcohol esa noche, esa era una rutina para esta época del
año.
jueves, 5 de julio de 2018
Crónica
La selección de Pedernera en Chile
¡A divertirse muchachos!
Aquella
pequeña ciudad fronteriza, a un lado del desierto de Atacama, y toda Chile, se
habían preparado para todo. Para ver de cerca lo que sería, quizás, el único
campeonato mundial que se jugaría en sus estadios y para estar a la altura de
Suiza y Suecia, quienes habían organizado los dos torneos anteriores. Incluso
se habían repuesto rápidamente de la devastación del terremoto ocurrido tan
sólo dos años antes y de los problemas económicos que el desastre trajo
consigo. Sin embargo, para lo único que no estaban preparados los chilenos y
los cien mil habitantes de Arica, era para ser testigos de uno de los partidos
memorables de aquel campeonato y de uno de los goles históricos que
difícilmente se podrán volver a repetir. Colombia, inesperadamente, iba a ser
protagonista.
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