Esa mañana del 8 de agosto de 2008, no
era una mañana cualquiera para Liliany. Era la última vez que iba a ver a sus
hijos y a su mamá antes de partir lejos, sin saber el rumbo, pero bien lejos
donde nadie la pudiera encontrar. Hacía tiempo debió partir, pero, contra su
voluntad, todavía permanecía en Bogotá. Y ese día, precisamente, debía recoger
algunos documentos que había olvidado en casa. Estando allí con sus dos hijos
tocaron a la puerta. Pensando que era su madre, que había salido minutos antes,
se apresuró a abrirle. De ahí en adelante todo fue caos, confusión y sorpresa.
Un inmenso operativo policial allanó su casa. Afuera, hombres fuertemente
armados bajaban de un camión al tiempo que cerraban toda la cuadra; adentro, un
grupo de oficiales registraban y grababan todo con una cámara.
jueves, 20 de octubre de 2022
De asistente de Raúl Reyes a defensora de los derechos humanos
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