viernes, 25 de septiembre de 2009

Comunicaciones efectivas

COMUNICACION TELEFONICA EFECTIVA

Si cuando hablamos cara a cara con alguien, muchas veces tenemos problemas para que nos entiendan, es aún más complicado cuando nos comunicamos telefónicamente.
Este aparato con más de 120 años de edad se ha converdido en una herramienta indispensable en la oficina o en el hogar, sin embargo, utilizarlo bien implica cumplir con algunas normas de comportamiento y cortesía que muy pocos practican. Veamos cuáles son.

AL RESPONDER
Cuando responda una llamada, si es su teléfono, diga su nombre y apellido. Si es un teléfono de su oficina responda con el nombre de su departamento ó área y su nombre, ejemplo: "Departamento de Mantenimiento, Taller de Soldadura, Carlos Pérez".

La voz es el único medio que le une con su interlocutor. Recuerde que la otra persona no lo está viendo y por lo tanto su imágen no le ayudará a causar una buena impresión. Procure hablar con claridad, lo suficientemente alto para que la otra persona le escuche, sin llegar al extremo de gritar. Una voz amable y cálida reemplaza la sonrisa en la comunicación cara a cara. Procure que su voz sea agradable al oído de su interlocutor. Y algo sumamente importante: no pretenda que quien le conteste reconozca su voz; identifíquese sin esperar a que la otra persona adivine quien es usted.

Si usted responde al teléfono de un compañero de trabajo diga primero el nombre de él y luego el suyo, ejemplo: "Oficina del señor Castro, habla Carlos Pérez". Demuestre voluntad de servicio, dígale a la persona que llama cuando regresará su compañero o el sitio dónde lo puede encontrar. Cuando su compañero no se encuentra en su oficina evite dar explicaciones como "No ha llegado aún a su oficina", esto puede crear una impresión equivocada de su área de trabajo y de la Compañia. En estos casos es aconsejable responsder: "El señor Castro no está en su oficina en este momento, Quiere dejarle agún mensaje? . Al tomar un mensaje, anote la fecha, la hora, el nombre y el número del teléfono de quien llama. Estas son reglas de cortesía que se aplican para todos los compañeros de trabajo, no sólo para las secretarias.

AL LLAMAR
Cuando usted llama a alguien a su oficina es para tratar asuntos de trabajo, por lo tanto sus llamadas deben ser breves. Cuando una persona tiende a prolongar la conversación sin ningún motivo, dígale que usted tiene una cita que cumplir y finalice la llamada. De igual manera dígale a las personas que llaman con frecuencia a qué horas prefiere recibir sus llamadas y pregúnteles a qué horas prefieren ellos recibirlas.

Si el motivo de su llamada no puede expresarse brevemente, consulte al interlocutor si dispone del tiempo que usted necesita; de lo contrario acuerde una hora para repetir la llamada. No alargue innecesariamente las conversaciones. Si usted ha llamado, las reglas de cortesía indican que debe tomar la iniciativa de la despedida. Cuando haga llamadas fuera de la oficina tenga en cuenta las siguientes recomendaciones:
· Confirme el número. Revise el número a llamar en el directorio o en su lista personal. Ahorrara tiempo si hace una lista personal de los números de teléfono que utiliza con mayor frecuencia.
· Haga sus propias llamadas. Demuestra interés y ahorra tiempo.
· Identifíquese. No espere que los demás lo reconozcan por la voz. Diga su nombre, así se comienza bien la conversación.

Musica

A la memoria de Ismael Rivera
Y con ustedes… ¡El Sonero Mayor! ¡Alalé!

Que el Bárbaro del ritmo, Bartolomé Maximiliano Moré, Benny Moré, considerado uno de los más geniales artistas de la música popular, lo haya bautizado como “El Sonero Mayor”, es quizá una de las referencias más connotadas para describir la extraordinaria calidad y el incuestionable protagonismo que ejerció Ismael Rivera en la música salsa.

Y así como Benny Moré expresaba que empezó a cantar cuando le quitaron los pañales, el gran “Maelo” afirmaría que él había nacido en el mundo de la salsa: “Porque resulta que yo vengo de un pueblo que se llama Santurce, del área metropolitana de Puerto Rico, la costa norte; yo soy de la Calle Calma, y en la calle Calma el reloj, cuando yo me levantaba, era una cosa que hacía: pum qui pum, pum qui pum...y ese reloj como que se me metió en la sangre. Parece que yo traía algo y por eso puedo decirte que antes de tener uso de la razón ya yo estaba en la playa con los tambores…”.¹

De procedencia humilde, de niño en su natal Santurce, Puerto Rico, se ganaba la vida como limpiabotas y posteriormente, ya joven, como albañil, siempre le cantó a su pueblo, a sus raíces, con un sentimiento y con una sencillez sólo comparable con su excepcional historia musical.

Las caras lindas de mi gente negras
Son un desfile de velas en flor,
Que cuando pasa frente a mí
Se alegra de su negrura todo
El corazón.
Las caras lindas de mi gente prieta
Tienen de llanto, de pena y dolor,
Son las verdades que la vida
Reta, pero que lleva dentro
Mucho amor.

Consciente y orgulloso de haber nacido la calle Manuel Corchado del Barrio San Mateo de Cangrejos, en Santurce, Ismael Rivera fue siempre un artista comprometido con su gente, con su pueblo, con la gente prieta, la gente humilde, con una inmensa fidelidad a sus principios y a sus costumbres. Es tal vez por ello, que al final de su carrera Vivió los últimos años de su vida en el Callejón Concordia de la Calle Calma en Villa Palmeras, junto a su querida madre.

Todo lo anterior, sumado a su particular estilo vocal, hizo que sus interpretaciones llegaran a lo más hondo del corazón de su pueblo. Muchas de esas canciones especialmente compuestas para él por reconocidos compositores como Tite Curet, Boby Capó, Pedro Flores, Rafael Hernández y de su propia madre, Doña Margot.

Apoyado de incomparables canciones como Las tumbas, Las caras lindas, Traigo de todo, Sale el sol, y composiciones suyas como Lejos de ti y Borinquen, lo transformaron en el ídolo popular del pueblo. Un fenómeno que en lugar de dejarse llevar por la fama, se mantuvo cerca a su esencia y a su pueblo.

En 1962, luego de regreso de una gira por Panamá, Ismael Rivera fue detenido en el aeropuerto de Puerto Rico por porte de cocaína y fue condenado a prisión por cinco años.

"Me encerraron con siete llaves y allí les solté la Bomba, me trataron con siete candados y allí solté un rumbón. Porque la rumba estaba conmigo para aliviarme de las penas con su hermanita la plena y su primo el guaguancó..."

Al salir de la cárcel continuó su carrera conformando su propia orquesta los Cachimbos, bajo la dirección del cubano Javier Vásquez, agrupación con la que grabaría 12 álbumes con los cuales siguió conquistando el corazón ya no sólo de los boricuas sino de todo el público latino.

Alalé, maribelemba, ecuajey, sacude zapato viejo, fueron los más elocuentes gritos que acompañaban sus soneos sacados del alma. Y así, con ese sentimiento continuó hasta finales de los setentas cuando se comenzó a rumorar sobre su decadencia e incluso sobre la posible pérdida de su voz.

Un miércoles, cuando caía la tarde de aquel 13 de mayo de 1987, a los 56 años, murió el Sonero mayor en brazos de su madre, víctima de un infarto. En ese momento finalizó la historia de un hombre que se calificó como “incomprendido”, que sin abandonar su origen humilde le cantó a su gente de color que, como dice la canción, “son betún amable de clara poesía”.

Después de esa tarde gris y luego del multitudinario sepelio en el Cementerio de Villa Palmera en San Juan, nació la leyenda que bien profetizó el gran Benny Moré y que hoy veneramos y conocemos como El Sonero Mayor, Ismael Rivera.