A propósito de la Semana Santa
Promesas que cambian vidas
Por: Guillermo Chavarro Borras
La imposición de la cruz de ceniza en la frente, marca para los católicos la llegada del tiempo de cuaresama; tiempo fundado en el simbolismo de la cuarentena bíblica de Moisés, Elías y Jesucristo, y de los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto. Significa la llegada de un periodo de ayuno y penitencia.
En la Biblia se encuentran muchos ejemplos de superación, esfuerzo, reconstrucción, purificación, transformación, a través de la oración y la penitencia: José hijo de Jacob, Ester, la casta Susana, Jeremías, la samaritana, la mujer adúltera y arrepentida y Zaqueo. El más diciente, quizá, es el que narra el encargo a Jonás de anunciar que la ciudad de Nínive sería destruida dentro de cuarenta días. Cuentan las Escrituras que los ninivitas atendieron el mensaje, “creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño”, con la esperanza de que Dios aplacara el ardor de su ira y echara atrás su decisión. Y, en efecto, “al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió”.
Promesas que cambian vidas
Por: Guillermo Chavarro Borras
La imposición de la cruz de ceniza en la frente, marca para los católicos la llegada del tiempo de cuaresama; tiempo fundado en el simbolismo de la cuarentena bíblica de Moisés, Elías y Jesucristo, y de los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto. Significa la llegada de un periodo de ayuno y penitencia.
En la Biblia se encuentran muchos ejemplos de superación, esfuerzo, reconstrucción, purificación, transformación, a través de la oración y la penitencia: José hijo de Jacob, Ester, la casta Susana, Jeremías, la samaritana, la mujer adúltera y arrepentida y Zaqueo. El más diciente, quizá, es el que narra el encargo a Jonás de anunciar que la ciudad de Nínive sería destruida dentro de cuarenta días. Cuentan las Escrituras que los ninivitas atendieron el mensaje, “creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño”, con la esperanza de que Dios aplacara el ardor de su ira y echara atrás su decisión. Y, en efecto, “al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió”.
