martes, 29 de marzo de 2011

Cuando la Chichamaya se vistió de Ballet


Por: Guillermo Chavarro Borrás


Cuando me enteré de la noticia inmediatamente los recuerdos me llevaron a La Guajira. Conocía de su extenso recorrido por el mundo durante 48 años presentando con gran profesionalismo la más alta expresión del folclore colombiano. Sabía como muchos colombianos que, gracias a su admirable formación artística, había logrado un increíble ensamble entre la pureza del folclore de nuestro país y la sofisticación de las danzas modernas. También supe de la meritoria condecoración del Merito a la Democracia Grado de Caballero, que le entregó el Senado de la República, gracias a su trayectoria, su excelente desempeño y su constante consagración al servicio de la cultura colombiana y como embajadora de nuestro folclor en el mundo. Y no era para menos: era el resultado de más de 50 años de trayectoria artística obteniendo ovaciones y galardones en los principales teatros de Moscú, París, Berlín, Tokio, Roma, Washington, New York, México, Buenos Aires, Sao Paulo, Lima, Quito, Santo Domingo, Puerto Rico, Bruselas, Tel Aviv, Jordania, Egipto, Montecarlo, Madrid y Beijing, entre otros. Igualmente fue público el significativo acto en el cual la Presidencia de la República le entregó la Cruz de Boyacá a la directora y fundadora del Ballet Nacional de Colombia, por su extenso y exitoso recorrido artístico. Todos estos hechos recientes no pudieron evitar que mis primeros pensamientos al conocer la noticia de su fallecimiento me trasladaran a los gratos momentos que compartí a su lado por todo el territorio de la Guajira. La excusa: el final de un milenio y el comienzo de un nuevo siglo. Gracias al generoso aporte de la empresa Cerrejón, el aclamado Ballet de Colombia se presentaría en una gira maratónica por diez municipios de la Guajira. La expectativa era impresionante, tanto para los organizadores como para el público. Para los organizadores era claro que el atrevimiento de llevar un ballet, acostumbrado a presentarse en los mejores teatros de América, Asia y Europa, a una tarima en la plaza pública de San Juan, era de por sí un arresto que sólo se podía tomar con la fe puesta en el profesionalismo y la trayectoria de Sonia Osorio y su grupo de bailarines. Y para los guajiros la expectativa no era menor. Acostumbrados a los cotidianos conciertos de los más insignes exponentes del folclor vallenato, la propuesta del Ballet de Colombia era lo más parecido a escuchar a Andrea Bocelli en la plaza de Uribia. Pero, por encima de cualquier pronóstico, el colorido multicolor del Ballet de Sonia Osorio empezó a recorrer los municipios de la península con éxito rotundo y un lleno total. “En Riohacha -según los registros de prensa del momento- “el éxtasis de los presentes ante el majestuoso despliegue de plasticidad que mostraron los bailarines en escena fue total”. Y en Maicao la aclamación fue mayor cuando salieron a escena Liliberth Mena y Jim Hernández, guajiros ambos y una de las parejas principales del Ballet. Con el Mapalé y la Chichamaya, acompañados por todo el grupo de bailarines, estos artistas despertaron el orgullo de sus coterráneos quienes no se cansaron de ovacionarlos. Apreciar una de las danzas más ancestrales de la cultura wayuu mezclada con el toque magistral de la danza moderna, rebasó todas las expectativas e hizo de éste un espectáculo inolvidable. Y puedo asegurar que para Sonia Osorio también lo fue: su sonrisa, su rostro de satisfacción y un público que la seguía pidiéndole autógrafos, así lo demostraron. Fue una gira fatigosa que todas las noches tenía su recompensa: el reconocimiento y el aplauso de todo el pueblo guajiro que no se cansaba de vitorearlos en cada una de sus presentaciones. Así lo sentían los bailarines y su directora, pues las muestras de aprecio y cariño no se hacían esperar. Recuerdo que en Urumita, el primer municipio donde se presentó el Ballet, uno de los nativos del pueblo, en señal de agradecimiento, le obsequió a Sonia unas bellas plantas de Calaguala. Ella las recibió con gran placer pues era conocido su gran amor por la naturaleza y en especial por las plantas ornamentales. De allí en adelante, serían sus compañeras de viaje durante toda la gira del Ballet. El ama de llaves del hotel donde se hospedaba recuerda que Sonia le pedía que todas las mañanas le llevara las plantas a su cama donde las cuidaba con gran esmero y les hablaba como si fueran sus hijas. Así era Sonia Osorio: una mujer brillante, de carácter fuerte, exigente, comprometida, responsable, pero con un corazón grande y una generosidad inmensa. Su mal genio era directamente proporcional a su poca tolerancia con la indisciplina, el incumplimiento y la irresponsabilidad. Recuerdo que para la presentación que se haría en la Plaza Simón Bolívar de Villanueva todo el grupo se encontraba listo para partir. La hora fijada era siempre de tres horas antes del inicio del show, así lo definió su directora con el fin de realizar los ensayos pertinentes y asegurar la calidad del espectáculo. Cuando pasaron quince minutos y el transporte no llegaba, Sonia puso el grito en el cielo y furibunda anunció que la presentación se cancelaba. Perplejos los organizadores y ante tan inesperado anuncio corrieron a buscar otro transporte. Cinco minutos más tarde y con el autobús en la puerta del hotel, Sonia insistía en su negativa. Puedo asegurarles que para hacerla cambiar de opinión hubo que conseguir a lo más cercano a un palabrero y el compromiso de que en adelante no se presentaría un atraso más. Así de exigente era con los escenarios, las luces, el sonido, cada detalle era supervisado milimétricamente y medido con unos altos estándares de perfección. Igual de rigurosa era con la atención a sus bailarines y con todo el personal técnico. Al final de toda la gira tuvimos la oportunidad de compartir y de festejar el éxito de las presentaciones alrededor de un exquisito asado ofrecido por la empresa minera. Entre anécdotas y risas, Sonia y los integrantes del Ballet no ocultaban su satisfacción, no sólo por el deber cumplido, sino también por haber conquistado con su fantasía y belleza a un público enraizado en su música y su folclor. Así fue como la Chichamaya se vistió de ballet. Y así fue como la gran artista Sonia Osorio enamoró a La Guajira y los guajiros se extasiaron con su puesta en escena. Nada sintetiza más la brillante gira del Ballet de Colombia por la península que el espontáneo testimonio expresado por un provinciano que acababa de apreciar el show y se le acercó a Sonia diciéndole: “Vea prima nosotros somos seguidores de Diomedes y de los Zuleta, pero con su espectáculo nos habei dejao pangaos”.