viernes, 5 de noviembre de 2010

Responsabilidad Social Personal

Responsabilidad: ¿social o individual?

Por: Guillermo Chavarro Borrás*


Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo. (Aristóteles)

El francés, Gustave Le Bon, reconocido investigador de la psicología de las masas, decía acertadamente que “La anarquía está en todas partes cuando la responsabilidad no está en ninguna”. Un concepto bien sustentado si tenemos en cuenta que la obra cumbre de este filósofo, Psicología de las masas, se convirtió desde la primera mitad del siglo pasado en el Manual de cabecera de líderes y políticos que buscaban manipular a su antojo el comportamiento humano.

Si quisiéramos prevenirnos de las maniobras que propone este manual -Hasta hoy fuente de inspiración de gurús del marketing político- el factor clave sería sustituir la acción inconsciente de las masas por la actitud consciente de los individuos. En otras palabras, abandonar la actitud indiferente, sumisa e instintiva que caracteriza el comportamiento masivo, por una conducta reflexiva, participativa y, sobre todo, responsable.

El dilema es ¿Qué tan conscientes somos de la responsabilidad que tenemos sobre lo que sucede a nuestro alrededor? ¿Cuál es mi aporte al bien común? ¿De qué manera participo en el mejoramiento de la sostenibilidad del medio ambiente? ¿Soy responsable, por acción u omisión, de los malos manejos administrativos de nuestros gobernantes? La respuesta a estos y muchos otros interrogantes se encuentra en lo que hoy conocemos como la Responsabilidad Social Individual.

La necesidad de que los individuos sean responsables para con la sociedad no es nada nuevo. Los filósofos griegos y el sistema legal romano ya daban cuenta de su importancia e incluso los romanos llegaron a regularlo.
Cicerón, uno de los principales representantes de la oratoria romana, hablaba, por ejemplo, sobre los deberes que tiene el hombre hacia la sociedad y hacia él mismo, y proponía que existiera sólo una ley verdadera: la ley de la Recta Razón, la cual, de acuerdo con la naturaleza, gobierna sobre todos los hombres, es eterna y no cambia.

Ética y responsabilidad de las empresas

En la actualidad, diríamos que una organización ejerce su Responsabilidad Social cuando satisface las expectativas que los diferentes grupos de interés -accionistas, clientes, comunidades locales, ONG, proveedores, sindicatos, administraciones públicas, etc.- tienen sobre su comportamiento, con el objetivo de contribuir a un desarrollo social, medioambientalmente sostenible y económicamente viable.

La Responsabilidad Social de las empresas es, en esencia, el compromiso voluntario de las organizaciones por contribuir al logro de una sociedad mejor y un medio ambiente más limpio. Hoy, esto implica el desarrollo de códigos de conducta en los diferentes aspectos de Responsabilidad Social y para los distintos ámbitos.

El comportamiento ético y sostenible de cualquier organización es, entonces, consecuencia de la calidad humana de las personas que la componen en todos sus niveles; por tal motivo los valores de los miembros que componen el equipo son muy importantes. En este sentido, el Código Ético se debe basar en unos valores fundamentales establecidos en toda la organización y en otros principios de referencia.

Generalmente las organizaciones ejercen su Responsabilidad Social cuando se interesan en conocer las expectativas que sobre su comportamiento tienen los diferentes grupos de interés involucrados. Sin embargo, casi nunca reflexionamos sobre la responsabilidad que tenemos individualmente como parte de la comunidad a la que pertenecemos. Esperamos que las empresas o el Estado den respuestas satisfactorias respecto al impacto que sus actividades tienen en lo económico, social y medio ambiental, pero, ¿cumplimos como ciudadanos con la parte que nos corresponde para que estos hechos se cumplan?


El bien común

La palabra responsabilidad proviene del latín respondere (responder), que significa capacidad existente en todo sujeto para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. En un sentido más amplio, significa el criterio que posee una persona para realizar apropiadamente una tarea determinada y su capacidad para tomar decisiones adecuadas. La responsabilidad supone la libertad, como capacidad y como elección. Un concepto bien sintetizado por el escritor irlandés George Bernard Shaw en una de sus célebres frases: “No busquemos solemnes definiciones de la libertad, ella es sólo esto: responsabilidad”.

La Responsabilidad Social debe ser principio y obligación de las organizaciones humanas, lo cual aplica tanto para las empresas y el Estado, como a los ciudadanos en general. Porque cuando la anarquía y la irresponsabilidad se apoderan de una comunidad y sus efectos se evidencian en la inseguridad, la delincuencia, la violación de las leyes y la corrupción administrativa, ¿De quién es la responsabilidad y quienes los más afectados? La responsabilidad y los afectados somos todos, por acción u omisión.

Con toda certeza, si realizáramos una investigación sobre seguridad ciudadana y al preguntar a los entrevistados sobre qué personas, organismos o instituciones, son los responsables de la seguridad de los ciudadanos, la mayoría de las respuestas señalarían a las autoridades y al gobierno. Sin embargo, sin sustraer al gobierno y a las autoridades de su obligación frente a este tema, algunas pocas personas o casi ninguna, se reconocerían a sí mismos como responsables o por lo menos, como parte de la solución.

En la Encuesta de Cultura Ciudadana aplicada hace dos años en la ciudad de Barranquilla en el marco del proyecto “Barranquilla ciudadana”, el cuestionario incluyó la evaluación del concepto de “mutua regulación” con el fin de medir la capacidad regulatoria de los ciudadanos. Una de las conclusiones es que, en comparación con otras ciudades, los ciudadanos de Barranquilla muestran la más alta disposición a llamar la atención cordialmente a otros ciudadanos en caso de que una persona falte o viole una reglamentación. Si bien cuando se les preguntó por situaciones reales la opción mayoritaria de los ciudadanos es la indiferencia, en el caso de situaciones hipotéticas la opción principal es regular a otros ciudadanos y estar dispuesto a recibir llamados de atención. Es decir, mucho propósito pero poca realización.

No obstante, esto es un avance importante y un elemento clave en el proceso de afianzamiento de la responsabilidad individual. Muestra además que aún cuando no se realice todavía una alta regulación mutua, los ciudadanos tienen una gran disposición a realizarla y recibirla.

El individuo, base de la colectividad

Habitualmente se ha asociado el tema de la responsabilidad social, de su planeación, ejecución y control, al sector privado o al Estado. Y las exigencias son tan estrictas que casi siempre esperamos un cumplimiento con cero tolerancia de desviación. Sin embargo, responsabilizar solo a las organizaciones empresariales o a los entes gubernamentales de las consecuencias y los impactos de sus acciones, como de las acciones del colectivo, es un desacierto y una forma de eludir el compromiso individual.

En síntesis, debemos reflexionar acerca de la realidad actual, la realidad de un entorno complejo y mundo en peligro, en el que todos y cada uno de nosotros somos los únicos responsables por alcanzar una sociedad capaz de compartir valores y abordar retos globales comunes. Es nuestra obligación buscar el equilibrio entre el bien propio y el bien común, entre la competitividad y la colaboración, entre la comunicación y el diálogo, entre la uniformidad y la diversidad. Si no logramos alcanzar este equilibrio y nuestro compromiso individual se diluye, llegaremos a ese estado que bien describe el francés Le Bon: “el individuo que forma parte de una masa es un grano de arena inmerso entre otros muchos que el viento agita a su capricho”.